Aeropuerto fantasma

Las declaraciones del reconocido periodista y escritor Andrés Oppenheimer sobre la casi inoperatividad del Aeropuerto de Pisco han puesto el dedo en la llaga sobre algo que CAPECO ha venido sosteniendo desde hace varios años: el riesgo de que megaproyectos de infraestructura no alcancen las metas propuestas cuando se decidió su construcción, en razón de la inexistencia de un Plan de Desarrollo Territorial y de un programa de inversiones estratégicas en sus áreas de influencia. Lo mismo ha ocurrido, por ejemplo, con las carreteras interoceánicas y afectará también la viabilidad de proyectos importantes como las irrigaciones de Majes Siguas II, Chinecas, Chavimochic u Olmos, el Tren de Cercanías, el aeropuerto de Chincheros, el megapuerto de Chancay…

El funcionamiento del Aeropuerto de Pisco dependía claramente de la existencia de un Plan territorial de toda la región Ica y planes específicos para todos los centros urbanos involucrados. En el 2011, CAPECO entregó al gobierno del presidente Humala una nueva visión de desarrollo urbano para Pisco-Paracas que involucraba la habilitación de más de 3 000 hectáreas para la localización de un parque industrial que atienda tanto las necesidades de la agroexportación de la región, así como las de bienes y servicios de la capital de la República que se uniría con Pisco a través de la prolongación de la autopista que llegaba a Cerro Azul y del Tren de Cercanías.

Esta nueva visión fue la base para que el Ministerio de Vivienda diseñara un Plan Urbano para toda la provincia de Pisco. Lamentablemente, la Municipalidad Provincial no estaba en capacidad de gestionar su implementación, esfuerzo que debía estar a cargo de una entidad autónoma con conocimiento del mercado inmobiliario. Aun hay tiempo para rescatar este megaproyecto, pero se necesita un cambio de timón muy agresivo. Por supuesto, de nada servirá para encarar este desafío, la amenaza de la alcaldesa del distrito de San Andrés de retirar la licencia de funcionamiento al aeropuerto. Por lo general, tomar el rábano por las hojas empeora las cosas y aleja las soluciones.