Roberto Samanez

«El reto en la restauración es mantener el testimonio histórico»

Conocer las políticas de conservación de las ciudades históricas en Brasil ayudó mucho a su formación de arquitecto. Y, la insistencia de un profesor de Historia de la Arquitectura determinó su especialización en Restauración de Monumentos Históricos.

El arquitecto Roberto Samanez, cusqueño de nacimiento, asegura que su principal reto es mantener la autenticidad el testimonio histórico, conservar su concepción original para que pueda ser legado a las próximas generaciones con los valores materiales e históricos con el que fue creado. Su padre fue un exitoso empresario. Era dueño de la empresa constructora Samanez Richter Ingenieros, con sede en la ciudad del Cusco, donde ejecutó un importante número de edificaciones en las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado.

Él había estudiado en el Politécnico José Pardo en Lima, la especialidad de arquitectura y construcción, en una época en la que solo la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) formaba ingenieros arquitectos, como una especialidad que se seguía después de ser ingeniero civil.

Era un entusiasta por la arquitectura y en su empresa, él desarrollaba los proyectos y los dibujaba, aunque luego incremento su planilla con más arquitectos en su equipo. “Estaba suscrito a revistas de arquitecturaque de niño yo hojeaba con interés y estaba seguro que sería arquitecto.

En nuestra casa de campo en el Valle Sagrado de Urubamba, mi entretenimiento más apreciado era elaborar pequeños adobes en cajas de fósforos y hacer cosas con ellos”, recuerda el arquitecto Roberto Samanez. En la década de los años sesenta del siglo pasado solo existía en el Perú una Facultad de Arquitectura en la UNI, en Lima. “Yo había cursado los tres últimos años de secundaria en el Colegio Militar Leoncio Prado en Lima y al terminar los estudios preferí viajar al Brasil, en el marco del Convenio Cultural que existía con nuestro país. Mis padres apoyaron plenamente esa determinación y pagaron mis estudios”, comenta.

BRASIL

En Brasil, la situación fue expectante. “Me causó muy buena impresión la organización eficiente de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Federal de Minas Gerais donde estudié. Cada promoción tenía un máximo de 35 estudiantes y una excelente infraestructura de aulas y talleres. La biblioteca de la facultad tenía suscripciones a casi una docena de revistas de arquitectura de todo el mundo. Poseía autobuses propios en los que viajábamos a eventos, conferencias o a conocer la obra de los arquitectos en varias ciudades del Brasil” cuenta el arquitecto Samanez, quien se graduó en 1967.

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