Conceptos fundamentales para el correcto ejercicio de la ingeniería

Por: Raúl Delgado Sayán.
Presidente de Directorio de Cesel Ingenieros.

Las expresiones que durante meses se han venido señalando de manera generalizada en distintos medios de comunicación por personas ajenas a la profesión de la ingeniería y la distorsión que ello pueda haber generado en el público, hace necesario el que utilizando un lenguaje sencillo se puedan aclarar conceptos que son fundamentales para el correcto ejercicio de la ingeniería, tanto en actividades de estudios y diseños como en ejecución de obras de construcción y equipamiento.

LA VERDADERA DEFINICIÓN DE LA INGENIERÍA

Existe una idea errónea de que la ingeniería es una ciencia y por consiguiente debe tener soluciones únicas y precisas como las matemáticas, donde se aplican fórmulas que dan resultados indiscutibles. Nada más errado. La ingeniería no es una ciencia sino fundamentalmente es una profesión que utiliza instrumentos de la ciencia para realizar obras imprescindibles para el desarrollo y mejoramiento de la calidad de vida de las personas, respetando el medio ambiente y el entorno que nos rodea.

Felizmente, no se trata únicamente de la aplicación de fórmulas matemáticas, o de física y química, o de tantas otras disciplinas científicas que nos dan una solución única y precisa para cada caso. Si esto fuera así, con los adelantos modernos no necesitaríamos de ingenieros, sino simplemente de robots; computadoras y algoritmos que permitirían desarrollar los proyectos.

Más aún, todos los elementos matemáticos y de las ciencias antes mencionadas, generan instrumentos y procedimientos basados en fórmulas matemáticas que son de naturaleza lineal y homogénea, mientras que la realidad es discontinua con materiales heterogéneos y se enfrenta a muchas circunstancias imprevisibles de naturaleza aleatoria; de aproximado conocimiento y en cierta forma muy erráticas que pueden ser fenómenos naturales extremos, como aquellos causados por el clima, como los huracanes, inundaciones, huaicos y demás, o por el comportamiento geodinámico de la tierra como es el caso de los grandes terremotos causados por desplazamiento de placas o por erupciones volcánicas.

Frente a todo ello, los ingenieros tenemos que desarrollar y construir proyectos teniendo como finalidad principal la de proteger las obras e inversiones contra estos fenómenos y aquellos que puedan sobrevenir con diferentes intensidades durante su vida útil, y sobre todo protegiendo y garantizando la vida de los usuarios.

No olvidemos que el primer artículo de nuestra Constitución y la de muchos países señala que: “El ser humano es el fin supremo de la sociedad y del Estado” y considerando además que la ingeniería es la única profesión cuyo error profesional o negligencia puede causar la pérdida de vidas de decenas y cientos de personas, los ingenieros tenemos que ser muy cuidadosos en nuestro ejercicio profesional ya que este es fruto de la conjunción de tres fundamentos en nuestra formación que son: a) conocimientos, b) experiencia, y c) criterio profesional, y solo el ejercicio adecuado de ello nos permitirá diseñar proyectos que garanticen: i) correcta funcionalidad; ii) resistencia, iii) durabilidad, y iv) seguridad; entre otros atributos.

Anteriormente mencioné que las soluciones de ingeniería no son únicas y ello se debe de manera fundamental a que no existirán dos ingenieros que tengan de manera idéntica las tres características principales antes nombradas: conocimientos, experiencia y criterio profesional; y es esta última la que, como consecuencia de los dos primeros, plasmará la solución que equilibrará costos y beneficios, con los riesgos y seguridad adecuados, para elegir lo correcto.

Por ello, nuestra ética profesional, al igual que la profesión de medicina, no nos permite criticar la actuación y razonamiento de otros colegas, a no ser que tengamos la convicción de que su solución sobre el Estudio o Diseño no cumple con funcionalidad, resistencia, durabilidad y seguridad.

Ni de lejos la ingeniería es una profesión sencilla. Nuestro campo es ilimitado. Tenemos retos inmensos que enfrentar y solucionar. Para ello, tenemos instrumentos que solo nos proporcionan una aproximación hacia realidades de proyectos muy complejos que servirán a cientos de miles de usuarios y cuyas vidas tenemos que proteger.

No obstante, existen aquellos que habiendo cumplido con la normatividad técnica, no han funcionado o incluso han colapsado.

Es allí donde el criterio profesional debe prevalecer. Hay que prever usos y abusos, detectar el mantenimiento inadecuado o conocer los fenómenos naturales de excesiva crudeza para contrarrestarlos. Por ello, toda norma técnica siempre señala que su aplicación es de mínimo cumplimiento, dejando a criterio del profesional superarla si lo considera conveniente.