Construcción de viviendas: Mayor cualificación, mayor seguridad

Por: Kolja Leiser
Jefe de proyecto Construya Perú y director de país de Swisscontact
kolja.leiser@swisscontact.org

La capacitación laboral de la persona trabajadora puede entenderse como el primer paso hacia su formalización ya que facilita el reconocimiento oficial ante el mercado del nivel de sus competencias profesionales.

En Perú, la baja cualificación de la mano de obra afecta a un 73% de la población económicamente activa. Esto nos revela que, en el caso de la construcción, por ejemplo, las y los trabajadores no están en la capacidad de asumir grandes responsabilidades, sin embargo; tenemos la evidencia de que muchos terminan desempeñándose como “maestros de obra”, dirigiendo obras de autoconstrucción o de vivienda de bajo costo para familias que tampoco están muy informadas sobre los riesgos que conlleva para su seguridad la contratación de mano de obra no cualificada.

Una investigación realizada en 2016 por Swisscontact y el Servicio Nacional de Capacitación para la Industria de la Construcción (SENCICO) descubrió una serie de malas prácticas en los trabajadores debido a su baja cualificación y que repetían en cada una de las construcciones que realizaban. Este conjunto de malas prácticas se delimitó a 50 que afectan gravemente a la vulnerabilidad y habitabilidad de la vivienda. A partir de éstas, Swisscontact diseñó una oferta de capacitación-cualificación que durante los últimos años hemos estado probando y adaptando desde el proyecto Construya para verificar si mediante el paso por este proceso de capacitación-cualificación es posible eliminar las malas prácticas de los trabajadores. Los resultados de una primera fase del proyecto demuestran que prácticamente cada segunda obra ejecutada por un trabajador mínimamente capacitado reduce la vulnerabilidad sísmica.

¿LA CUALIFICACIÓN POR SI MISMA VA A LLEVAR A CONSTRUCCIONES MÁS SEGURAS?

No necesariamente, porque las decisiones de compra de las familias influyen en la producción de la vivienda (calidad de los materiales, cantidad de mano de obra a contratar) que dependen de factores tales como de su nivel de ingreso o posibilidad de acceso a la financiación. La mayoría de las familias que autogestionan la construcción de sus viviendas lo hacen de manera escalonada y sin contar con servicios profesionales, lo que acarrea consecuencias para la economía familiar porque, a la larga, terminan pagando más por la construcción ya que no pueden cerrar presupuesto ni plazos para la ejecución de la misma. Al no haber suficiente mano de obra cualificada la familia termina contratando a alguien conocido y eso lleva a que las malas prácticas se sigan produciendo.

ASIMETRÍA DE INFORMACIÓN ENTRE FAMILIAS Y TRABAJADORES

El mayor problema es que el mercado no sabe distinguir entre trabajadores cualificados y no cualificados, por lo menos en distritos con familias de bajos recursos económicos ya que la gran mayoría presentan como acreditación de sus competencias profesionales constancias de participación en eventos de promoción de materiales que no garantizan su adecuada preparación, lo que también puede afectar a la reputación de la empresa que emite la constancia.

El proyecto Construya es un proyecto social que parte del reconocimiento de un problema y es que la seguridad de la vivienda está relacionada o tiene un factor de correlación fuerte con el nivel de cualificación de los trabajadores que se desempeñan en la construcción. Pensamos que el trabajador es un recurso clave para generar confianza a la hora de construir y que, si está cualificado y tiene un reconocimiento social y para el mercado, él se va a sentir más responsable éticamente de aplicar los conocimientos. Uno de los resultados esperados del proyecto Construya es el de reducir esta asimetría de información entre las familias y los trabajadores, favoreciendo el encuentro entre familias más exigentes con la seguridad de sus viviendas con trabajadores cualificados y, por tanto, en condiciones de dar un servicio de calidad.

Las municipalidades tienen un rol esencial en la creación de un estado de confianza y de la cultura de la prevención de riesgo. Hay que generar servicios de orientación, asesoramiento e información a las familias sobre los peligros de la construcción informal y de cómo hacer mejoras estructurales. A lo que apuntamos es a que la gente viva en casas más seguras, que las familias se sumen a la cultura de la prevención y la mitigación y que exista una corresponsabilidad entre el Estado, el mercado y las empresas privadas para dar soluciones de habitabilidad.

TRABAJADOR CUALIFICADO, TRABAJADOR MÁS PRODUCTIVO

El Perú tiene un gran déficit en la educación técnico-productiva y en la capacitación laboral. Datos del Ministerio de Educación(1) aseguran que solo cuatro de cada diez jóvenes que salen del sistema educativo secundario pueden continuar estudios técnicos o bien universitarios, lo que viene a evidenciar que la oferta formativa no es suficiente.

Cuando cualificas a un trabajador todos salen ganando; el trabajador que aumenta su empleabilidad, las familias porque acceden a una vivienda más segura y el sector formal de la construcción y de la economía porque dispone de mano de obra cualificada.

En este contexto, es necesario contar con una oferta formativa que sea pertinente para el sector de la construcción e institucionalizada, es decir, reconocida por las entidades públicas en aras de mejorar la productividad y la seguridad de las construcciones en dicho sector. Pensamos en una oferta que llegue a un número amplio de trabajadores y que esté adaptada a la capacidad de gasto que tienen estos trabajadores para poder formarse.

Además, tiene que ser accesible al lugar en donde trabajen o residen. El Sencico y los CETPROS juegan un rol fundamental para hacer llegar la capacitación a más cantidad de personas. CAPECO, junto con las constructoras (sobre todo las pequeñas y las entidades técnicas de vivienda social) y junto con las empresas de materiales de construcción pueden también jugar un papel importantísimo en promover el concepto de una verdadera cualificación con calidad.

Desde Swisscontact apelamos a la corresponsabilidad entre Gobierno, trabajadores y sector privado de la economía, a llegar a acuerdos que permitan masificar la oferta formativa, en base a una cualificación rigurosa, institucionalizada y adaptada al nivel educativo de los trabajadores. Tenemos que crear productos y servicios que estas personas puedan pagar y para eso hemos de trabajar con enfoque de innovación social.

En Construya estamos convencidos de que atender este problema social es ganar-ganar. Cuando cualificas a un trabajador todos salen ganando; el trabajador que aumenta su empleabilidad y posibilidades de ingresos, las familias porque acceden a una vivienda más segura y el sector formal de la construcción y de la economía porque dispone de mano de obra cualificada para acometer, entre otros muchos retos, el déficit en infraestructura que tiene el país y atender las necesidades de la vivienda.

No podemos olvidarnos de la importancia de crear una cultura de la formación y del aprendizaje para toda la vida. Junto con la capacitación laboral, la certificación de competencias laborales se erige como un instrumento de inclusión social y laboral por el que se reconoce el conocimiento que las personas han adquirido a lo largo de su vida y el nivel de cualificación alcanzado. Como decía al principio de este artículo reconocer las competencias supone un gran paso para que estas personas puedan incorporarse y mantenerse con confianza al sector formal de la economía.