Elsa Carrera: “¿Y saben por qué descansó Dios? Porque creó al hombre y luego creó al ingeniero civil”

Elsa Carrera Cabrera ha logrado desempeñarse con éxito en el sector privado y la gestión pública, sin dejar de lado su labor de formación a los más jóvenes gracias a su pasión por la docencia. En una época en que apenas un puñado de mujeres seguían la carrera de ingeniería civil y la tecnología era muy limitada, logró posicionarse como una de las profesionales más destacadas en su rubro. En esta ocasión, la ingeniera Carrera nos recibe para comentarnos más detalles acerca de su trayectoria.

Motivada por su afinidad con las matemáticas, Elsa Carrera decidió postular a la UNI por Ingeniería Civil, aún sin tener mucho conocimiento acerca de la trascendencia de tal profesión. Afirma que fueron sus profesoras del colegio quienes la estimularon en razonamiento matemático y analítico. No obstante, asegura que su vocación era ser profesora.

“Percibí la ingeniería de mis primos. Uno de ellos era ingeniero de minas, luego apareció otro de Trujillo que era ingeniero civil. Ellos sabían que andaba bien en mis cursos y me dijeron que lo piense, pero yo no tenía idea dónde postular. La única nacional en ese momento era la UNI, porque tampoco tenía recursos para pensar en una particular”, recuerda.

SUS INICIOS

Acompañada de uno de sus hermanos, y aún cursando el 5to grado de secundaria, Carrera comenta que acudió a la UNI por información, y notó que todo el mundo hacía “academia”. Por ello, optó por seguir un curso acelerado desde diciembre hasta inicios de enero.

“Dentro de mi inocencia, creía que ingresar era fácil. El gusto por las matemáticas me daba cierta seguridad. También debo agradecer mucho a mis profesoras, con quienes iba a estudiar a la hora del recreo. Ellas han sido mi principal incentivo junto al Baldor, que en aquella época era mi pequeño amigo de aritmética y algebra”, comenta.

Pese a contar con menor tiempo de preparación que el resto de postulantes, Elsa Carrera logra ingresar a la universidad en su primer intento. En el puesto 504 de cerca de mil estudiantes, recuerda. De los más de 200 ingresantes en civiles, apenas ocho eran mujeres, y descartando a las chicas que se retiraron, quedaban apenas cuatro o cinco.

Carrera tuvo la oportunidad de aprender de grandes profesores. Entre los que más recuerda, figura el ingeniero Ricardo Yamashiro, quien fue su asesor de tesis, así como el ingeniero Julio Kuroiwa y el ingeniero Guillermo Del Solar, que llegó a ser ministro de Construcción en el año 1990. El curso de Puentes lo llevó con el ingeniero Manuel Pastor y Pre forzado con el ingeniero Pedro Lainez Lozada.

“Ellos trataban de visualizar proyectos ya no tan clásicos, utilizando vigas encajonadas y cosas especiales. Todo se hacía a través de maquetas, ya que no teníamos Autocad 2D ni 3D ni nada de lo que hay ahora. Todos queríamos estar con ellos y compartir”, asegura.

EMPEZANDO EN EL MUNDO LABORAL

Según recuerda, a la hora de tentar puestos de trabajo había que lidiar contra el machismo, tan común a fines de los años 60. Pero asegura que gracias al esfuerzo del grupo que había conformado, poco a poco se empezó a valorar lo que hacían las mujeres.

Comenta que en esa época los estudiantes podían escoger las variantes de estructura, construcción, transportes o hidráulica. Se inclinó por la especialidad de estructuras, siguiendo a los ingenieros Yamashiro y Kuroiwa. Lo normal era empezar como dibujante, pero uno de sus primeros trabajos fue hacer una maqueta estructural.

“Utilizando madera de balsa y tecnopor, tenía que interpretar para que ellos pudieran calcular. Acuérdese que no teníamos las computadoras. Cuando estaba en segundo año, la computadora de la UNI era más grande que todo un departamento. Teníamos el Fortran con las tarjetitas, que para nosotros era toda una gracia”, nos cuenta.

Era el año 1974. Elsa Carrera ya cumplía funciones de asistente junto con otros compañeros de la universidad. Entre completar armaduras y ver algunos cálculos en el rubro de edificaciones, se abrió la opción de trabajar en el Ministerio de Transportes, en el área de puentes, así que postuló y tuvo éxito.

NUEVOS RETOS

Siendo bachiller, la ingeniera Carrera obtiene un puesto como asistente en el Ministerio de Transportes, en el área de normas. Posteriormente culmina su tesis y se gradúa, pasando a laborar como ingeniera calculista, uniéndose al equipo de ingenieros del ministerio. No obstante, señala que al cabo de unos años sintió que había llegado a su tope, que quería algo más, por lo que decide asumir nuevos retos.

“Noté que ya no había ingenieros ‘tigres’, como les llamábamos nosotros a los senior. Y uno se miraba a sí mismo y notaba que ya tenía algunos años de experiencia, pero había mucho más que ver. Venía el gobierno militar con sus años de decadencia, los sueldos eran muy bajos y todos los ingenieros se fueron a trabajar a empresas”, reseña la ingeniera.

Sin embargo, estando aún en el ministerio, en 1978, recibe el llamado del ingeniero Jorge Miranda Patrón para ejercer la docencia en la Universidad Federico Villarreal. Asumió el desafío y, a pesar de las presiones por parte de los alumnos para sentar una postura política, dejó claro que su función era la de impartir conocimientos.

Carrera afirma que fue una etapa complicada, pues tenía alumnos relativamente adultos, siendo ella todavía muy joven. “Estuve bien en los años que estuve. Tengo muy buenos alumnos, profesionales y de mucho éxito, a quienes me he encontrado en cursos de post grado de gestión de proyectos viales, los cuales dicto. La enseñanza es muy grata”, asegura.

ESTUDIOS EN JAPÓN

En el año 79, surge la posibilidad de obtener una beca para ir a estudiar al JICA (agencia de cooperación internacional) en Japón. Comenta que realizó el trámite respectivo y aprobó la evaluación, pero surgieron dificultades porque no habían becas disponibles para el Perú, por lo que tuvo que hacer méritos para poder entrar.

“Estar en la Villarreal fue una ventaja. Enseñar en una universidad nacional es un plus para JICA, ya que uno va a recibir conocimientos y los va a invertir en su país. Además aún trabajaba para el Estado, doble motivo. Debe ser por eso que me aceptaron. Me gané el puesto”, recuerda.

Pero los problemas no terminarían allí. Tenía que solicitar una licencia con goce de haber pues iba a ser una retribución para el Estado. Pero se la negaron. Finalmente, decidió irse por sus propios medios y con la ayuda de su familia, con el riesgo de perder su trabajo al “desobedecer a los señores militares”.

Asegura haber vivido una experiencia gratificante en Japón, a pesar del machismo que existía en ese país durante ese tiempo. Las clases eran en inglés, pero era difícil comunicarse con la gente pues muy pocos dominaban ese idioma. Terminado el curso, regresa al ministerio dentro de su fecha límite. “Felizmente no me botaron”, nos cuenta entre risas.

DEL ESTADO A LA ACTIVIDAD PRIVADA

Carrera inicia su actividad en el sector privado durante el gobierno del Fernando Belaúnde. En principio labora en una empresa americana con actividad en el Perú, que se dedicaba a la fabricación de estructuras metálicas. A pesar de su trayectoria, consideraron un demérito haber trabajado ocho años en el Estado. Ante ello, pidió ser puesta a prueba, con el mismo salario del ministerio. En ese entonces la ingeniería tenía 33 años.

“Es que tenía que despercudirme”, justifica, y agrega que su etapa en la administración pública le permitió progresar personal y profesionalmente. “Yo decidí salir porque vi que no había más. Ahí sí me iba a burocratizar, estar en la rutina, en lo mismo, y eso no me iba a gustar”, sostiene.

Tras superar la prueba exitosamente, logra ser contratada. Su estancia en esta empresa es muy corta, ya que empezaba una etapa en el país en que se promovía la construcción de puentes y carreteras, como la Marginal de la Selva. Una empresa había ganado la licitación de dos puentes y requerían un calculista, para lo cual recurrieron a la ingeniera Carrera.

“Cuando me llaman no sabía muy bien qué hacer. No podía con ambas cosas, porque para esos puentes hay plazos. Hablé con el ingeniero y le dije que quería hacer algo que me gusta, que no sabía si iba a ganar mucho o poco, pero eran mis primeros proyectos como profesional independiente. Así que armé mi equipo y me dirigí a hacer mis dos puentes”, detalla.

ETAPA EN SENCICO

Tras su paso por la Universidad Federico Villarreal, la ingeniera Elsa Carrera enseñaba en la Pontificia Universidad Católica del Perú. En ese tiempo, a inicios de los 90, asistió a un congreso de ingeniería en Piura, junto con la entonces primera dama Susana Higuchi, quien fuera su compañera de colegio y universidad. También asistió su antiguo profesor Guillermo Del Solar, quien era ministro de Vivienda. En esa ocasión surgió el primer contacto para presidir el Servicio Nacional de Capacitación para la Industria de la Construcción (Sencico).

Según afirma, aceptó la propuesta debido a su afición por la construcción y también por la enseñanza. En octubre de ese mismo año inicia su actividad en Sencico, donde se involucró un poco más en el ámbito político. La situación era complicada, pues asegura haber encontrado una institución casi en quiebre, con reservas pero sin mayor inversión. “Era un pandemonio”, rememora.

“Bueno, yo en Sencico estoy calladita y nadie se entera de mi vida (risas). Pero yo había estudiado algo de administración, así que empiezo a hacer mis reformas. Necesitábamos gente que nos ayude a reorganizar la institución. Vimos que había un terreno en la avenida Canadá que no se usaba y, sin embargo, había un montón de edificios alquilados. Así que decidí mudarnos allá”, comenta.

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