Evitemos el colapso de los sistemas de agua y alcantarillado

Las inundaciones producidas en el verano de 2017 a raíz del llamado “Niño Costero” y la reciente desgracia ocurrida en el distrito limeño de San Juan de Lurigancho por el colapso de la red de desagüe, obligan a rememorar una vez más la alerta lanzada, ese mismo año, por el ingeniero Julio Kuroiwa sobre el estado de nuestros sistemas de agua (SA) y alcantarillado (A) y la urgencia de rehabilitarlas para no sufrir la falta del servicio ante alguna eventualidad. La imperante preocupación del especialista fue reafirmada por Capeco, institución con la que publicó “Guía práctica para la reducción de desastres en sistemas de agua y alcantarillado causados por terremotos, tsunamis, inundaciones y deslizamientos”, un documento donde el ingeniero Kuroiwa expone los riesgos de diseñar y construir sin consideraciones sismorresistentes y sobre todo informalmente.

Este documento afirma la necesidad de que en nuestro país se destinen recursos para adaptar las infraestructuras de agua y saneamiento para hacerlas más resistentes a sismos, inundaciones y deslizamientos, debiendo reemplazar las redes deterioradas, empleando materiales y sistemas constructivos más apropiados y reforzando otras instalaciones, como reservorios y plantas de tratamiento.

Plantea la urgencia de implementar sistemas de vigilancia, reparación y reemplazo de infraestructuras, con el propósito de adelantarse a la ocurrencia de posibles fallas. El ingeniero Kuroiwa reconoce, sin embargo, que estas mejoras exigen una gran inversión, por lo que su implementación debe ser gradual, aún en países desarrollados. Recomienda que en el Perú se comiencen a efectuar reemplazos selectivos en áreas críticas.

Los terremotos son ejemplos de la capacidad de destrucción de los fenómenos naturales. El ingeniero Kuroiwa plantea implementar sistemas de vigilancia, reparación y reemplazo de infraestructuras, con el propósito de adelantarse a la ocurrencia de posibles fallas.

Refiere que en países desarrollados aún no se cuenta con códigos de diseño y construcción sismorresistente de infraestructuras de agua y alcantarillado. De allí la importancia de revisar y optimizar los procesos constructivos y de atención de las emergencias a partir de las lecciones que dejan los sismos, tsunamis o inundaciones.

Menciona, en ese sentido, que la investigación de los sismos de Loma Prieta, San Francisco, en 1989, y de Kobe, en 1995, permitieron implantar modificaciones en los procesos de diseño, construcción de infraestructuras y de atención y reposición de los servicios, que sirvieron para reducir los daños producidos por los sismos de Northridge de Los Ángeles, en 1994 y de Tohoku, Japón, en el 2011.

Entre las buenas prácticas, el especialista, propone contar con sistemas redundantes de provisión de servicios de agua potable; suscribir convenios de cooperación entre empresas prestadoras de servicios de ciudades vecinas y capacitar a un número suficiente de operarios para garantizar la reparación oportuna de redes y demás instalaciones ante la eventualidad de un sismo.

Las experiencias recogidas de los sismos del suroeste del Perú en 2001 y del sur chico en 2007 son muy útiles para comprender qué debe hacerse para mitigar los desastres naturales en lo referido a los servicios de agua y alcantarillado.

El ingeniero Kuroiwa recuerda que el terremoto de 2001 (8.4 grados) produjo daños menos severos que el de 2007 (8.0 grados). Ello porque en Arequipa, Moquegua y Tacna los suelos son por lo general secos, mientras que en Pisco los mayores daños se dieron en zonas de peligro muy alto y alto por tener suelos arenosos poco compactos y con la napa freática cercana a la superficie, lo que motivó la ocurrencia de licuaciones y aceleraciones sísmicas.

También analiza las inundaciones producidas en Tumbes, a raíz de los fenómenos El Niño acecidos en 1982-1983 y 1997. En el primer evento, la zona de la ciudad de alta pendiente sufrió una fuerte erosión desenterrando las tuberías de agua y desagüe, en gran parte debido a que las calles no estaban pavimentadas. Tras la inundación, se construyeron pistas de concreto y se levantaron las veredas, creando un canal-vía que funcionó mucho mejor cuando ocurrieron las lluvias intensas de 1997.

MODERNIZACIÓN DE LAS CIUDADES

Para encarar apropiadamente los graves efectos de estos desastres naturales, el Consejo Permanente por la Vivienda, la Construcción y el Territorio (CPVCT), integrado por el Colegio de Arquitectos del Perú (CAP), el Colegio de Ingenieros del Perú (CIP), la Federación de Trabajadores de Construcción Civil del Perú (FTCCP) y Capeco han propuesto la puesta en marcha de una estrategia nacional destinada a modernizar nuestras ciudades.

En esta estrategia nacional se ha incluido la gestión eficiente de infraestructuras, especialmente de agua, desagüe y, donde corresponda, de drenaje pluvial. A inicios de su gobierno, el presidente Kuczynski informó que se invertirían S/ 35 mil millones hasta el 2021. Sin embargo, el 90% de ese monto no es repagado por las Entidades Prestadoras de Servicios debido a sus limitaciones técnicas y financieras, motivadas por la insuficiencia de las tarifas por dichos servicios. Este modelo dificulta notablemente la ejecución de proyectos destinados a la renovación de redes existentes y la dotación de servicios a áreas de expansión no ocupadas.

Dentro de las propuestas del Consejo Permanente se encuentra la formulación de un Plan Nacional de Infraestructura, la modernización del marco normativo de contrataciones estatales y de asociaciones público privados y el sinceramiento progresivo de las tarifas de agua y alcantarillado. Se deberán establecer subsidios a aquellas familias que no puedan pagar las nuevas tarifas, previa verificación del Sistema de Focalización de Hogares (SISFOH) e inscripción en las centrales de evaluación crediticia.

Las inversiones requeridas para incrementar el tratamiento de aguas servidas, para dotar de instalaciones de drenaje pluvial, así como para proteger todas estas infraestructuras de desastres naturales, deberán considerar desde un inicio los costos de construcción, operación y mantenimiento y el repago de dichos montos a través de las tarifas. Esto facilitaría mucho el acceso a medios de financiamiento y, cada vez que sea posible, la convocatoria al sector privado. Una vez sinceradas las tarifas, se deberán establecer programas de fortalecimiento de las entidades prestadoras de servicios.

El ingeniero Kuroiwa señala que es una tarea de largo aliento. Pero esta Guía Práctica demuestra que existen alternativas para asegurar la sostenibilidad de los servicios de agua y desagüe. Capeco comparte esta visión y trabaja para hacerla realidad.

ENSEÑANZAS

El especialista afirma que los terremotos ocurridos en California (EE.UU.) en 1989 y 1994, y los sucedidos en el Japón, en 1995 y 2011, y en Chile, en 2010, dejaron valiosas enseñanzas en lo que respecta a la protección de los sistemas de agua y alcantarillado (SA y A) contra terremotos y sus efectos secundarios, como la licuación de suelos, sobre sus componentes más importantes, sobre todo las tuberías de agua enterradas.

En Loma Prieta (1989), los mayores daños se produjeron en el elegante distrito de Marina. Las tuberías sufrieron múltiples fracturas. La reparación fue lenta.

El terremoto de California de 1989 tuvo su epicentro cerca del poblado de Loma Prieta, ubicado a unos 100 km al sur de San Francisco; pero sus efectos más severos se produjeron en el distrito de Marina, en el extremo norte de la península, desde donde se puede observar claramente el conocido puente Golden Gate.

El distrito de Marina habría sido desarrollado sobre rellenos, utilizando los escombros de las edificaciones dañadas por el gran terremoto e incendio de San Francisco de 1906, cuando la ciudad quedó arrasada por dichos eventos catastróficos.

El relleno se había efectuado sobre arenas y dunas de playa. Al ocurrir en 1989 el sismo de Loma Prieta, de magnitud Mw 6.9, reportado por el Servicio Geológico de los EE.UU. (USGS, sigla en inglés), los mayores daños se produjeron en el elegante distrito de Marina, donde hubo graves perjuicios en las edificaciones de cuatro pisos, sobre todo en los primeros, que eran del tipo piso flexible, diseñados así pues el estacionamiento de automóviles requiere de espacios amplios.

El efecto más destructivo se produjo sobre los sistemas de aprovisionamiento de agua y de control de incendios. El último consistía en grandes depósitos de agua bajo tierra, construidos en un sector alto para tener, por gravedad, presión natural. Las tuberías de ambos sistemas sufrieron múltiples fracturas. El suelo rellenado entre 1906 y 1917, sin la compactación adecuada y sobre arena de playa, sufrió asentamiento y otras deformaciones permanentes, así como también altas aceleraciones, lo que se reflejó en el mencionado colapso de los primeros pisos de las edificaciones de los departamentos de cuatro plantas. Felizmente, San Francisco tenía un segundo sistema redundante de control de incendios, consistente en embarcaciones bombas surtas en la bahía, mediante el cual se pudo controlar los siniestros en sus numerosos puntos de ignición.

La reparación de las tuberías dañadas fue lenta y penosa por falta de personal calificado en número suficiente para la tarea. Por ello, la empresa proveedora de agua de San Francisco firmó convenios de cooperación mutua con empresas de agua de condados vecinos.

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