Inversión en infraestructura en Ámerica Latina y El Caribe: las barbas en remojo

Según el documento del BID “Mejor Gasto para Mejores Vidas” que ha sido editado por Alejandro Izquierdo, Carola Pessino y Guillermo Vuletin, el estado ruinoso de la infraestructura en América Latina y el Caribe es bien conocido. Desde caminos plagados de pozos y puentes deteriorados hasta aeropuertos y puertos marítimos por debajo de los estándares de calidad, la infraestructura inadecuada menoscaba el crecimiento de la región y la calidad de vida de sus ciudadanos.

Los autores señalan que si bien el ladrillo y el cemento por sí solos no pueden asegurar el crecimiento y la prosperidad, sin servicios de infraestructura aceptable es difícil que un país pueda competir en el mundo moderno. A la pregunta ¿A qué se debe la calidad tan inferior de la infraestructura en la región? Precisan que para empezar, los países de América Latina y el Caribe no invierten lo suficiente en infraestructura. Entre 1992 y 2015 la inversión pública y privada en infraestructura en América Latina y el Caribe alcanzó un promedio de 2.75% del producto interno bruto (PBI), y entre 2008 y 2015 el promedio ascendió al 3.8%.

Este nivel de gasto es bajo en comparación con, por ejemplo, China (8.5%) Japón e India (5%), y del promedio de los países desarrollados (4%). Además, las cifras de inversión actual han alcanzado niveles incluso inferiores a las de los años ochenta. Para zanjar la brecha de infraestructura, la región tendría que invertir alrededor del 5% de su PBI a lo largo de los próximos 20 a 30 años, lo que equivale a unos US$ 100,000 millones adicionales al año.