La construcción sostenible: el error de no comunicar “el error”

Por: Francesca Mayer Martinelli
CEO Perú Green Bulding Council

Hace algunos años tuve la oportunidad asistir a una de las ediciones del congreso de construcción sostenible más grande de la región y Estados Unidos, Greenbuild US. Entre las más de 600 presentaciones y sesiones educativas decidí asistir a una llamada “Casos de Éxito en Proyectos Verdes”. Vaya sorpresa la que me llevé casi al inicio de las presentaciones. Entraron uno, dos, tres expositores y hablaron de proyectos que habían salido increíbles; lo que uno podría llamar el ejemplo de cómo hacer bien las cosas, y por supuesto, sostenibles.

Sin embargo, tengo que confesar que mi favorito fue el cuarto, el que entró y de frente nos dijo que nos contaría no todos los casos de éxito de sus proyectos, pero si todos sus casos de fracaso. En ese momento creo que todos los asistentes nos quedamos un poco perplejos, no entendíamos bien a qué se refería, sin embargo, al empezar a presentar todos los proyectos en los que se había equivocado, las cosas que había hecho mal, por qué no funcionaron, y como luego al final aprendió de todos sus errores para generar reales casos de éxito, todo tuvo sentido. Es que es tan importante comunicar nuestros errores, casi tan importante como comunicar todos nuestros logros. Somos una sociedad que tiene terror a equivocarse, y nos olvidamos que para triunfar hay que equivocarse una, dos, tres, y miles de veces más.

La construcción sostenible, tal y como la conocemos hoy en día, es una nueva forma de hacer las cosas. Equivocarse, es probablemente el primer paso para hacerlas bien, pero no comunicarlas es el error más grande que podemos cometer. En el mundo acelerado en el que vivimos es muy común no cumplir con las metas, pasar momentos de frustración y desencadenar en errores y fracasos. Pero fallar, repetidas veces, puede ser algo bueno si lo que se busca es crecer e innovar. En las mismas palabras de Thomas Edison “No he fallado, he encontrado 10,000 maneras en las que eso no funciona”.

Un muy buen ejemplo de un error en la construcción el cual nos encanta alabar es la Torre de Pisa, un error el cual valga decirse, nunca se corrigió. La inclinación de esta famosa torre en la localidad de Pisa, Italia, definitivamente no estaba planeada desde un inicio. Su construcción tomó 344 años y, al quinto de empezada la obra, empezó a inclinarse hacia un lado debido a la suavidad de los suelos, aun cuando estaban recién en el segundo piso. Los ingenieros y arquitectos de la torre decidieron continuar con la obra, acortando alturas en un intento de evitar su caída por completo, pero el suelo; consistente de solo arcilla, arena fina y conchas; no estuvo de su lado. Durante 800 años, esta torre se ha estado cayendo a un ratio de 2 milímetros al año, con una inclinación al día de hoy de más de 5 metros. ¿El gran error? ¡No parar!

Hoy en día contamos esta historia a los cuatro vientos, sin vergüenza ni miedo. Entre los ingenieros civiles, este es un excelente recordatorio de llevar a cabo estudios de suelos. Entre el sector de operaciones y mantenimiento, un error de planificación cortoplacista, el cual no consideraba que la torre estaría “operativa” durante tantos años y cuáles serían las consecuencias de su inclinación. Las operaciones y mantenimiento de una edificación son cruciales, en términos de sostenibilidad, son las que se aseguran de mantener la sostenibilidad del proyecto a lo largo del tiempo. Este es otro tema que ahondaré en una futura nota.

Pero regresando a hablar de la comunicación de errores y fracasos en la construcción sostenibles, hubo un caso, no tan conocido entre la comunidad de construcción sostenible en Lima, pero del cual si tuve la oportunidad de enterarme. Muchas veces, nuestro afán de buscar la máxima sostenibilidad en las edificaciones nos hace tomar decisiones más orientadas hacia el ahorro de los recursos que hacia el confort de las personas. Este fue el caso de un centro de salud en nuestro país, el cual buscando optimizar al máximo el consumo energético de la edificación decidió colocar sensores de movimiento en los consultorios. ¿Porque fue esta decisión un grave error? La respuesta me la enteré en un evento social, en donde un médico me comentó su descontento con la certificación LEED, ya que constantemente se le apagan las luces en plena consulta.

Hoy, ese centro de salud se ha reemplazado muchos de los sensores por luminarias convencionales, no ahorradoras inclusive, debido a que no estaban o bien pensadas para la funcionalidad del espacio, o bien calibradas, especificadas, etc.

Lamentablemente, nadie se enteró de este “error” y hace algunos días se me apagó la luz en un consultorio “sostenible” en otro centro de salud.

La Certificación LEED puede ser un detonante para las malas decisiones, apuradas y ambiciosas cuando la meta principal es solo conseguir puntaje. Es importante nunca dejar de lado el concepto de la triple línea base y la búsqueda del beneficio conjunto para el usuario, el planeta y la economía.