Panorama de la construcción en Cusco

Tras un 2020 que significó la paralización total, la actividad constructora en Cusco se recupera, pero aún de forma lenta. Construcción e Industria conversó con Freddy Cáceres, directivo de CAPECO en esta región, y nos dio un panorama de cómo se viene reactivando la industria y los desafíos en materia de vivienda social. 

El sector Construcción en Cusco tiene sentimientos encontrados. Por un lado, no deja de ser cierto que viene notándose una reactivación de la actividad constructora; sin embargo, el empresariado privado de la industria siente que este despertar está ocurriendo de forma muy lenta y en una proporción aún pequeña.

Freddy Cáceres, directivo de la Asociación Regional CAPECO Cusco, explica a Construcción e Industria que en los últimos meses ha habido esfuerzos privados que han buscado reactivar la construcción de viviendas, pero todavía a una escala que no es significativa. Por el contrario, una cantidad considerable de proyectos que se tenían en cartera, aprobados por los distintos municipios de la región y varios de estos ya con licencias de edificación, quedaron paralizados por la crisis que desató la emergencia sanitaria.

“Los posibles compradores de estos proyectos cancelaron sus compras porque se vieron imposibilitados de honrar sus compromisos a futuro por la falta de trabajo, por el cierre parcial o total de sus negocios, o porque el tipo de cambio se disparó, esto principalmente porque los inmuebles normalmente se venden en dólares”, refiere Cáceres.

A su criterio, la situación en Cusco es crítica, sobre todo si se considera factores como su geografía y las pocas áreas de expansión urbana que permite. 

Si bien CAPECO informó en julio pasado durante la presentación del IEC que las empresas del sector Construcción en Cusco habían estimado para este año un crecimiento de 24.2% en sus operaciones, Cáceres baja uno puntos porcentuales a su proyección y la sitúa en 20%, basándose principalmente en las pocas construcciones privadas que se están haciendo para la venta y en la autoconstrucción. 

UN 2020 PARA EL OLVIDO
Durante 2020, la caída del PBI de la construcción en Cusco (-19.1%) fue mayor que la del PBI sectorial nacional (-13.9%). Las cifras de CAPECO revelan que las empresas del sector en esta región sufrieron la contracción de sus operaciones en 28.2%, un índice que también supera el promedio nacional (13.5%). 

Para Freddy Cáceres, la razón que explica el hecho de que Cusco haya sufrido una caída más grande que el promedio nacional es la aguda crisis económica que se ha sentido especialmente en los sectores socioeconómicos C y D de la población. “La pandemia ha provocado una retracción en las ventas y cancelaciones de compromisos por parte de los posibles beneficiarios”, comenta.

El directivo gremial recuerda que a mediados de marzo de 2020 se paralizaron todas las actividades de las empresas del sector, y así permanecieron hasta octubre, cuando el Gobierno central dio luz verde a la siguiente fase de reactivación. Sin embargo, antes de la pandemia, ya se había sentido cierta recesión, una leve caída de las ventas inmobiliarias. Lo que provocó la emergencia sanitaria fue un desplome a cero. 

“Hemos sentido el golpe. Las ciudades pequeñas como Cusco son las que más rápido sienten los efectos de la pandemia y de las políticas económicas del gobierno de turno”, refiere. 

Cabe señalar que, según CAPECO, en el ámbito nacional, la construcción ha venido encadenando este año meses de crecimiento a doble dígito. Sin embargo, a criterio de Cáceres, esto “de ninguna manera ha ocurrido en Cusco”, pues la recuperación sectorial se está dando de forma muy lenta. Al ser una región cuya economía depende en gran manera de la agricultura, el turismo y la minería, la expansión del sector Construcción no se da al mismo ritmo que en Lima, por ejemplo. 

En materia de inversión pública, el inicio de la emergencia sanitaria coincidió con el arranque de varios proyectos de infraestructura que quedaron paralizados debido a la cuarentena y las restricciones. En lo que va de este año, son pocas las obras que se han puesto en marcha, entre ellas el mejoramiento de redes viales y la construcción de colegios y establecimientos de salud, así como la pavimentación de vías, parques y centros educativos. 

El detalle está en que el gobierno regional y los municipios provinciales y distritales ejecutan sus obras bajo la modalidad de administración directa; es decir, que estas entidades se encargan de elaborar los proyectos, de ejecutarlos y de controlar y supervisar el desarrollo de cada obra. “De esa manera, es muy poco el porcentaje de obras que se licitan y que permite la participación de constructoras privadas”, afirma Cáceres. 

DÉFICIT DE VIVIENDA
Otra realidad compleja que enfrenta el sector en Cusco es la que atañe a la vivienda. El directivo gremial calcula que unas 5,000 unidades de vivienda quedaron en stand by debido a la crisis sanitaria, a la inestabilidad política y a la incertidumbre económica.   

Según comenta, los sectores socioeconómicos C y D son los que más viviendas demandan, pero sus necesidades no son atendidas. Recuerda que en 2013 CAPECO Cusco y CAPECO Lima realizaron un estudio inmobiliario conjunto para la ciudad del Cusco. Entre otros resultados, se encontró que había un déficit de 23,500 unidades de vivienda para los sectores C y D.

“Han pasado ocho años, y estos sectores siguen sin ser atendidos por los programas estatales. Lo más probable es que esa cifra haya aumentado a 40,000 o más”, afirma Cáceres. Como consecuencia de esta situación, los ciudadanos ignorados recurren a la informalidad para cumplir el sueño de la casa propia; es decir, compran terrenos sin habilitación urbana a promotores informales, y allí edifican sus viviendas mediante la autoconstrucción. 

“Así es como ha venido ocurriendo el crecimiento en la ciudad de Cusco: con urbanizaciones informales. Incluso los cerros ya están llenos”, advierte. 

A juicio suyo, el hecho que explicaría la imposibilidad de cubrir la brecha de vivienda es la falta de terrenos. “En Cusco no existen terrenos de propiedad del Estado. Peor aún, al no haber en la ciudad terrenos a costo cero o a precios razonables, se hace imposible construir proyectos de vivienda social”, explica. 

Así las cosas, Cáceres sugiere que el Gobierno central, además de las políticas nacionales, debe elaborar políticas complementarias de vivienda que se adecúen a las particularidades de cada ciudad o región; es decir, a sus condiciones geográficas, sociales y económicas. 

2022: UNA INCÓGNITA
Tras ser consultado sobre las expectativas reales para lo que queda de este año y las metas del sector en Cusco para 2022, Cáceres afirma que no cree que la situación varíe de forma significativa. “Venimos en línea recta, y creo que así vamos a continuar hasta diciembre”, refiere. 

Frente a lo que podría ocurrir el próximo año, prefiere no lanzar ninguna proyección y dejarlo como una incógnita. “Lo que suceda dependerá de que se definan muchas variables en el entorno nacional”, sostiene.