Puente de la Enemistad

Las rejas que restringen el acceso al Puente de la Amistad desde San Isidro exponen una situación absurda. Primero, que la máxima autoridad de la Municipalidad de San Isidro suponga que puede desconocer acuerdos sobre obras ya construidas, que hicieron sus antecesores. La administración es una sola. Es decir, no puede desconocer un acuerdo, que además implica una inversión del Estado.

Segundo, tener una visión cerrada de que esta obra solo servirá para los sanisidrinos. La idea es que este sea en un lugar abierto y de libre tránsito. La ciudad es una sola y el acceso a los bienes públicos no debería estar restringido a límites administrativos. Sin dejar de considerar que, efectivamente, los vecinos de esa jurisdicción necesitan este tipo de equipamiento y deben disfrutar de él.

Una vez más se pone en evidencia que la bicicleta no es considerada como parte del sistema vial. Y es preocupante en nuestro país donde hay tanta carencia de equipamiento. Las obras no pueden estar detenidas por este tipo de problemas de relación entre autoridades.