Un nuevo Estado para el mismo modelo

En los primeros 7 meses del año, el sector construcción creció 4.31% respecto al mismo periodo del año 2018. La venta de viviendas ha mostrado también un avance superior al 43% y el Fondo Mivivienda espera batir récord de colocaciones este año. El PBI muestra desaceleración pero en menor medida en la que lo hacen nuestros pares de la región. El Perú, posiblemente, sea el país con más crecimiento económico de la Alianza del Pacífico este 2019.

A pesar del pesimismo en algunos sectores empresariales, los consumidores han mostrado confianza, especialmente los más jóvenes, quienes no dejan de comprar viviendas, demostrando no solo que las necesitan sino que están dispuestos a apostar por un futuro prometedor o por lo menos estable. La generación de peruanos menores de 40 años ha vivido estabilidad económica desde su mayoría de edad, por lo que no conoce los mismos miedos que sus padres y abuelos a cambios bruscos. El modelo liberal ha logrado sacar de la pobreza a millones de peruanos e introducirlos en el circuito de la meritocracia, del premio al esfuerzo y al ahorro; pero hoy, el Perú se está deteniendo por sus dificultades de convivencia, que pone en riesgo nuestra unidad como nación y el funcionamiento de nuestra precaria democracia.

Al momento de escribir estas líneas, la Municipalidad de Lima Metropolitana ha incorporado un factor de incertidumbre en muchos distritos al desconocer la validez de los DS 010-2018-VIV y DS 012-2019-VIV, que facilitan el desarrollo de proyectos de vivienda social. Asimismo, ha anunciado las restricciones vehiculares para el tránsito pesado, ello sin medir realmente el impacto en muchas de las actividades, especialmente en la construcción que verá retrasadas las obras y muchos empleos perdidos. A la fecha, tampoco se ha resuelto el conflicto en Tía María y la licencia social, ante la falta de liderazgo y autoridad del Poder Ejecutivo, cada día se ve más lejana.

Cuando pensamos en el modelo económico, nos olvidamos muchas veces que este requiere de un Estado fuerte para hacer que funcione, pero el nuestro se ha ido debilitando por la entrega política de poderes, competencias y recursos que claramente no se pueden ejercer, así como por la salida paulatina de funcionarios de carrera, que son sobrepasados por quienes sin mayor mérito ostentan “cargos de confianza”. Más allá de reformar el modelo económico, que sin duda requiere cambios, es necesario pasar a una reforma política del Estado; reformular las competencias de los distritos, las provincias y las regiones para acercarlas a la realidad de sus distintos contextos y posibilidades.

Tomando como base los últimos 30 días de convocatoria que se publican en el SEACE, se cuantifican 498 obras en licitación pública (son aproximadamente 6,000 al año) que son contratadas por 311 entidades (son aproximadamente 4,000 al año), tan disímiles como el Pronied del Ministerio de Educación y la Municipalidad Distrital de Anchihuay, un distrito de ayacuchano con 4,000 habitantes.

Es difícil pensar que el Perú se puede manejar adecuadamente con 26 regiones, 197 provincias y 1,874 distritos, además de los distintos organismos del Poder Ejecutivo; es decir, tenemos a más de 2,000 entidades contratantes de obras públicas, muchas de ellas sin real capacidad de gestionar un presupuesto, por ejemplo, para una escuela. En Lima, muchas municipalidades distritales modifican sus planes urbanos, sin solicitar la autorización de la provincial, la que a su vez decide desconocer decretos supremos que regulan en materia de edificaciones en todo el territorio nacional.

Ha llegado el momento de repensar el modelo, no desde el modelo en sí, sino de uno de sus principales actores, el Estado. Una reforma política del Perú requiere cambiar sustancialmente la distribución de recursos, derechos de decisión y responsabilidades. Las municipalidades provinciales tienen que recuperar muchas de las competencias que equivocadamente fueron otorgadas a las municipalidades distritales, los gobiernos regionales deben asumir muchas de las tareas que hoy tienen distritos pequeños al interior del Perú, y es necesario plantear esquemas macro regionales para evitar conflictos como los del agua o de los recursos provenientes de actividades como la minería, así como para ser más eficientes en el planeamiento territorial. Alguna vez, en los años noventa, tuvimos que repensar el país a partir de su fracaso económico, hoy toca hacerlo ad portas de un fracaso político, uno que puede detener al Perú.

Humberto Martínez Díaz
Presidente