Víctor Pimentel: La Arquitectura y la Arqueología son en esencia lo mismo

A sus 91 años de edad, el arquitecto, y artista plástico Víctor Pimentel Gamonal continúa escribiendo su propio legado. Su vasta trayectoria se ha caracterizado por una férrea defensa de la historia milenaria del Perú y Latinoamérica, a través de la restauración y conservación de monumentos. Nuestro peruano imprescindible nos recibe en su hogar para hacer un repaso de los episodios más importantes de su vida profesional.

Antes de inclinarse por la arquitectura, Víctor Pimentel sentía especial atracción por la música. Desde temprana edad escuchaba en su antigua radio Telefunken el programa “La voz de Alemania”, que emitía música selecta de Mozart, Beethoven, Brahms y otros autores clásicos que lo fueron inspirando.

“De música no sé nada, pero tengo buena memoria auditiva. Por eso de adolescente yo quería estudiar en el Conservatorio Nacional de Música” comenta.

Debido a problemas económicos que aquejaban a su familia, Pimentel no pudo cumplir su sueño de niño. Nos cuenta que su madre enviudó muy joven y quedó a cargo de él y sus seis hermanos. Se trasladó de Barrios Altos a la zona de Chacra Colorada, luego bautizada como Breña, y con mucha dificultad logró culminar la primaria.

La situación se agravó cuando él y su hermano mayor contrajeron tuberculosis. Ambos fueron enviados a Huancayo por un periodo de dos años para recuperarse, aprovechando el clima seco de esa ciudad. “Nos hacían tomar sangre de toro en el camal”, recuerda.

En esa época, tanto él como su hermano empezaron a interesarse por la ingeniería, carrera que seguirían a su regreso a Lima. Lamentablemente, su hermano no pudo reponerse de la enfermedad y falleció luego de un largo proceso. Víctor logra recuperarse y decide presentarse a la Escuela de Ingenieros del Perú, que posteriormente pasó a ser la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).

VINCULADO AL ARTE

Luego de culminar estudios generales durante su primer año, en el segundo decide especializarse en Arquitectura, pues consideró que se trata de una disciplina afín al arte. “En la arquitectura hay música y en la música hay arquitectura. Encontramos ritmo, compás, armonía, contrastes”, señala.

Asimismo, destaca el impacto que tuvieron algunos de sus maestros en su formación. Entre ellos están Fernando Belaúnde Terry, Jorge Muelle, Carlos Morales, Paul Linder y el italiano Mario Bianco, con quien compartió su visión humanista y técnica.

Fue precisamente Bianco quien le concedió el permiso para ser el residente de obra en el proyecto del Departamento de Arquitectura de la Escuela Nacional de Ingeniería (DAENI), entre 1951 y 1953. Cabe resaltar que en ese entonces Pimentel era un alumno de cuarto año de Arquitectura, por lo que trabajaba en paralelo con sus estudios.

Víctor Pimentel se graduó en el año 1953, obteniendo las mejores calificaciones. Su promoción llevaba el nombre de su entonces profesor y decano Fernando Belaúnde Terry, y lo circunstancial del asunto es que la ceremonia de graduación se realizó por primera y única vez en la sede de la Municipalidad de Lima. ¿Por qué razón?

“En diciembre de ese año llegaron al país dos eminentes maestros de la arquitectura mundial. Uno de ellos era Walter Gropius, creador de la Escuela de la Bauhaus en Alemania y, el otro, fue José Luis Sert, un extraordinario urbanista catalán. Ambos llegaron de Nueva York para recibir una distinción y el arquitecto Belaúnde decide invitarlos”, recuerda Pimentel.

AVENTURA EN ITALIA

Tras obtener la calificación más alta por su proyecto de grado “Jauja, ciudad sanitaria”, tanto Belaúnde como Bianco lo persuaden a presentarse para tentar una beca que ofrecía por entonces el gobierno de Italia.

“Me presenté con todos los papeles que exigían y tuve la suerte de ganar la beca por un año. Escogí la Universidad La Sapienza de Roma para hacer post grado en dos materias esenciales: Urbanismo y Tecnología de la Construcción”, indica.

Además de las materias mencionadas, el arquitecto escogió algunos cursos singulares, entre ellos el de Restauración de Monumentos, que estaba a cargo de Carlo Ceschi. De hecho, fue el propio Ceschi quien realizó las gestiones para que Pimentel pueda prolongar su estancia en Italia y seguir estudiando.

“Ceschi dijo que tenía la obligación de seguir su curso. No lo dijo por vanidad, sino porque sabía que yo provenía de un país milenario como el Perú. Él no había estado acá pero conocía de nuestra cultura. Gracias a él he sido el único becario que ha permanecido tres años en Roma. Para mí es un gran privilegio. Al término de ese tiempo continué dos años más, es decir, permanecí en Italia desde 1955 hasta 1960”, comenta.

Gracias al profesor Ceschi, Pimentel tuvo la oportunidad de participar en las obras de restauración del Coliseo y del Foro romano, que en ese tiempo se estaban ejecutando. Antes de su retorno al Perú, se casó con una joven italiana de Cerdeña.

“En aquella época yo viajaba por Italia viendo su cultura y sus maravillosos monumentos. Durante las vacaciones visitaba las principales capitales europeas ya que el tren era barato. Hice amistad con gente notable”, señala.

Por otro lado, afirma que Italia le dio dos cosas maravillosas: por un lado a su hoy fallecida esposa, a quien recuerda como una persona bella, virtuosa e inteligente y, por otro lado, la oportunidad de conocer una disciplina que por entonces no existía en ninguna parte de América Latina.

ARQUEOLOGÍA, LA ARQUITECTURA DEL PASADO

Pimentel es muy tajante al afirmar que la Arquitectura y la Arqueología son en esencia lo mismo. Según sostiene, un monumento arqueológico es una obra urbanística o arquitectónica del pasado, como es el caso de la ciudad sagrada de Caral, Machu Picchu, Ollantaytambo, entre otras grandes obras.

“Son épocas diferentes. En el caso del Perú tenemos una época prehispánica, después la conquista, luego una época virreinal, después la republicana tras la independencia y hoy vivimos la época contemporánea. El término arqueología solo sitúa a las obras en una línea temporal anterior, pero no hay diferencia alguna”, señala.

 

 

En 1960 se reintegró a la cátedra universitaria en la Facultad de Arquitectura de la UNI creando el curso Restauración de Monumentos, primero de su género en el Perú. En 1962-1963 conformó el equipo técnico de la Junta Deliberante de Monumentos de la Municipalidad de Lima.

 

Y agrega que “como disciplina, la arqueología tiene su propia metodología, cosa que también sucede con la arquitectura y el urbanismo. Pero todo está vinculado a la creatividad del ser humano. En el Perú, incluso antes de la arqueología puede haber una etapa prehistórica que puede estar representada en pinturas rupestres. El hombre no construyó las cavernas pero las decoró internamente, eso es creatividad”.

PASIÓN POR LA PINTURA

El arquitecto Pimentel revela que durante su travesía en Italia pudo desarrollar otra de sus grandes pasiones: la pintura. “Yo quería ser pintor desde niño, y en Italia logré realizar varias exposiciones de las cuales tengo catálogos. Tuve además el privilegio de tener la crítica de los más distinguidos especialistas del arte”, comenta.

Pimentel hacía pinturas del tipo no figurativa o abstracta. De hecho, hasta el día de hoy continúa pintando. Asegura no haber seguido cursos sobre la materia, algo que ha sido destacado por los críticos europeos. “Me señalaban como un pintor peruano que no había imitado a ningún artista de moda europeo. El valor de esa autenticidad es algo que ellos admiraban. Podría decir que pertenezco a la escuela Pimentel”, bromea.

En total, el arquitecto posee cerca de 3,500 obras de pintura registradas alrededor del mundo, y cerca de 2,000 se conservan en el Perú. Las hay de todo tipo, en cartón maqueta, cartulina, acuarelas, acrílicos, témperas, óleos y más.

REGRESO AL PERÚ

Víctor Pimentel regresó al país en 1960 junto a su esposa. A fines de ese año, impulsó junto con Fernando Belaúnde la creación del primer curso de Restauración de Monumentos del país. Al año siguiente se crea la Junta Deliberante Metropolitana de Monumentos Arqueológicos e Históricos de Lima, donde contribuye a realizar el primer inventario de monumentos de la ciudad.

El arquitecto regresó al Perú con la idea de retribuirle al país lo brindado y luego volver a Europa, sin embargo, su intensa actividad lo motivó a permanecer en el país.

Desde 1994 a 1998 fue asesor en Invermet – IMP, en los proyectos y obras de los principales espacios de Lima y Callao. Desde el 2003 es asesor del proyecto arqueológico Caral-Supe.

 

Pimentel asegura que nunca perdió contacto con el arquitecto Fernando Belaunde, quien auspició su ingreso a la docencia de la facultad de Arquitectura de la UNI. Cuando el fundador de Acción Popular asumió la presidencia de la República, Pimentel señala que contribuyó a impulsar proyectos de arqueología, favorecido por una mayor apertura por parte de las entidades públicas.

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