Desafíos de la industria cementera

La industria cementera es responsable, aproximadamente, del 8% de emisiones globales de gases de efecto invernadero. Con una demanda que no para de crecer, conozca en este artículo cuáles son los desafíos más importantes que tiene por delante este sector en materia climática y qué alternativas sostenibles manejan los grandes fabricantes.

El cemento es —qué duda cabe— uno de los insumos más conocidos y esenciales en la actividad constructora. Es un material versátil que destaca por su resistencia y durabilidad, y que se emplea para la creación de pisos, bloques, paredes y demás tipos de elementos estructurales. 

En el caso peruano, el consumo de cemento creció 66.24% en junio de este año en comparación con similar mes de 2020. Además, según el INEI, hasta el sexto mes del año, este indicador encadenó 11 meses de resultados positivos que responden al plan de reactivación económica, el cual se puso en marcha a mediados del año pasado, y permitió que se reanuden proyectos de construcción públicos y privados tras la suspensión de la mayoría de actividades económicas por la pandemia.

A pesar de esa bonanza en medio de la pandemia, hay un tema que preocupa. Ocurre que la industria cementera produce, aproximadamente, el 8% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) del mundo según el centro de estudios británico Chatham House. “Si este sector fuera un país, sería el tercer emisor más grande del mundo, detrás de China y EE. UU.”, refiere un informe de la BBC. 

Este símil sirve para poner las cosas en perspectiva y esbozar cuáles son los principales desafíos que vienen afrontando las compañías cementeras en sus carreras por convertirse en una industria ecológica o verde.

PANORAMA COMPLEJO
Con ciudades alrededor del mundo acelerando sus procesos de urbanización, invirtiendo en infraestructura y una demanda de cemento que se mantendrá al alza, el reto para producir cemento con baja emisión de carbono “requiere soluciones drásticas de ingeniería y digitalización”.  Así lo cree Thomas Schulz, CEO de FLSmidth, una multinacional danesa que brinda soluciones para la industria del cemento y la minería. En una reflexión publicada en su web corporativa, el ejecutivo señala que acelerar la “transición verde del cemento” es esencial para un futuro con bajas emisiones de carbono. Además, es fundamental para la materialización del Acuerdo de París sobre el cambio climático y vital para la aplicación eficaz de paquetes verdes de recuperación después del covid-19.

Esa transición verde que apunta Schulz implica encontrar fórmulas innovadoras para reducir las emisiones de CO2 en el proceso de fabricación del cemento. Para un cemento común y corriente, este proceso arranca, según información de la Asociación de Productores de Cemento (Asocem) del Perú, con la explotación de los yacimientos de materia prima en tajo abierto. Esa materia prima, de acuerdo con el Ministerio de Energía y Minas (Minem) es piedra caliza, arcilla y otros materiales calcáreos, los cuales se mezclan, chancan y trituran.

De esa mezcla mineralógica sometida a altas temperaturas se obtiene el clínker. Y allí, en esa etapa del proceso, es donde empieza la emisión de CO2, pues dadas las características de la piedra, para obtener el clínker es necesario someterla a una temperatura que supera los 1,450 ºC.

Es ahí, dentro de un horno alimentado por carbón o gas natural, donde el clínker libera el carbono contenido en su interior. Luego, cuando el carbono entra en contacto con el aire, se convierte en CO2, que asciende a la atmósfera y contribuye al efecto de gas invernadero.

Estimaciones de FLSmidth calculan que la calcinación de la piedra caliza representa alrededor del 57% de la emisión total de CO2 que produce el proceso de fabricación de cemento. El otro gran responsable de estas emisiones —32% según la firma danesa— es el uso de combustibles fósiles para alimentar los hornos. 

Así las cosas, una investigación de Bloomberg revela que por cada tonelada de material que es expuesta al calor intenso se libera, como mínimo, media tonelada de CO2. “Es más que lo que produce un automóvil yendo de Nueva York a Miami”, dice el artículo titulado “Cement produces more pollution than all the trucks in the world”, que cita a su vez cifras de la Asociación Europea del Cemento (Cembureau). 

SOLUCIONES PARA LA INDUSTRIA
Una solución clave para reducir las emisiones de CO2 y producir concreto neutro en carbono es encontrar combustibles alternativos. Schulz plantea que la energía denominada combustibles derivados de residuos (CDR) constituye una alternativa viable para dejar de usar combustible fósil en el proceso de calcinación de la piedra caliza. 

“Estamos viendo los efectos positivos de estos proyectos en, por ejemplo, la empresa vietnamita de cemento Vicem y en Golden Bay Cement de Nueva Zelanda. En ambos casos se resuelven dos problemas al mismo tiempo: se elimina el carbón como fuente de energía y se combate el problema de los residuos”, escribió. 

Otro gran desafío es utilizar materiales cementantes suplementarios (SCM) para reducir el factor de clínker del cemento. De acuerdo con la compañía GCP Applied Technologies, especializada en tecnologías para productos de construcción, cada caída del 1% en el factor de clínker puede reducir el CO2 emitido en 8-9 kg/tonelada de cemento. El quid del asunto con esta alternativa es lograr que la proporción en que se reemplaza el clínker no comprometa el desempeño y capacidad de resistencia del cemento. 

Otras empresas del sector, como la española Sacyr, plantean que sería posible reemplazar al menos 50% del clínker agregando aditivos químicos que reducen la porosidad del material y contribuyen a devolverle sus características originales.

En esa línea, Félix Preston, subdirector de investigación del Departamento de Energía, Medio Ambiente y Recursos de Chatham House, aseguró a la BBC que lo que la industria realmente necesita hacer es afianzar los esfuerzos para producir nuevos tipos de cemento. 

En el caso de Latinoamérica, un caso que valdría la pena mencionar es el de la compañía Cemex. La mexicana presentó a inicios de este año su concreto con cero emisiones netas de CO2: Vertua. Esta línea de productos ha sido desarrollada por su Centro de Investigación y Desarrollo en Suiza, y se trata de “un material de vanguardia que reduce su huella de carbono hasta en un 70%. El 30% restante se neutraliza a través de esfuerzos de compensación”, ha destacado la compañía en sus redes sociales.

MÁS DESAFÍOS
De acuerdo con un reporte de Reuters, el concreto Vertua cuesta hasta 50% más que el tradicional, un incremento que, según la compañía, se justifica por un gran atributo del producto: sus tiempos de secado más rápidos aceleran la construcción. 

Este ejemplo grafica otro de los retos centrales que tienen por delante las empresas cementeras: reducir las emisiones sin comprometer sus ganancias. 

De acuerdo con la citada nota de Bloomberg, fabricantes líderes en cemento como la suiza LafargeHolcim y la brasileña Votorantim Cimentos encuentran muy pocas empresas constructoras dispuestas a invertir en la adquisición de los llamados cementos verdes. 

“No es que las constructoras no quieran construir un mundo más limpio. Es que no quieren pagar más”, dice la nota. Y luego cita a Jens Diebold, jefe del Área de Sostenibilidad de LafargeHolcim, quien asegura que la demanda de materiales sostenibles es, por ahora, demasiado pequeña. “Hay muy poca concienciación de la cantidad de emisiones de carbono que se producen cuando se construye un edificio”, sostuvo.

Si bien hay cementeras que vienen apostando por programas de compensación de emisiones, hay quienes consideran que estas iniciativas representarán solo una pequeña parte de las reducciones previstas. 

Por ello, Schulz plantea estimular la demanda de cemento con bajo contenido de carbono mediante la incorporación de nuevos requisitos en los proyectos de infraestructura de contratación pública, la integración de procesos de producción con bajas emisiones de carbono en los códigos de construcción y el estímulo de las inversiones ecológicas en todo el sector.