Editorial. El compromiso con el Perú

EDITORIAL. Construcción e Industria 358
Por Humberto Martínez
Presidente del Consejo Directivo de CAPECO


En este tiempo de elecciones, los peruanos hemos llegado a un nivel de polarización pocas veces visto en nuestra historia; se ataca con facilidad a todos aquellos que estén o parezcan estar en las antípodas de nuestro pensamiento. Es así, que el sector empresarial ha sido especialmente blanco de señalamientos por parte de distintos actores políticos tanto en campaña como fuera de ella. Casos no cerrados de la historia reciente, como los del Club de la Construcción, Lava Jato, algunos de financiamiento ilícito de campañas electorales u otros menos visibles como los de concertación de precios, permiten que los señalamientos continúen.

La Cámara Peruana de la Construcción, ha sido una de las más afectadas, pues los casos más sonados y con mayores implicancias, incluso para expresidentes de la República, han tenido como protagonistas a empresas muy vinculadas al gremio y representativas de este. En la década reciente, cuando el sector empresarial ha estado en la mira de la sociedad en su conjunto, CAPECO ha sido el único gremio que retiró empresas, cambió su código de ética y emprendió un activo proceso de modernización, apertura y recambio generacional. Como parte de este proceso, renovamos el equipo gerencial, modificamos nuestros estatutos para hacer un gremio más abierto y representativo, y a la vez fortalecimos relaciones que consideramos relevantes para el desarrollo de nuestra actividad, como la que sostenemos con la Federación de Trabajadores de Construcción Civil y con las universidades, buscando acercar a los estudiantes con los empresarios y profesionales del sector.

Nuestra nación está en proceso de construcción, no solo de su historia, o de sus lazos, sino sobre todo de su infraestructura física. A inicios del mes de abril, 12 personas murieron porque se terminó el oxígeno en un hospital en Talara, ahogadas ante la falta de un recurso básico para un hospital en tiempos de covid, en la misma localidad donde se están invirtiendo mas de 5,000 millones de dólares en modernizar una refinería de petróleo; una muestra letal de nuestra falta de claridad acerca de las verdaderas prioridades de nuestro país. Este es nuestro vaso medio vacío: décadas de grandes flujos de capital, que ni la era del caucho, ni la del guano, ni el boom de la postguerra podrían igualar, pero somos un país aún desconectado, donde millones de niños no tienen agua, ni energía eléctrica, ni manera de seguir sus clases a distancia. Por ello, este país requiere tener a la inversión en construcción como motor de desarrollo, recuperación económica y empleo; pero sobre todo como vehículo para llevar oportunidades y reducir nuestras desigualdades.

En tiempos de elecciones, los peruanos tenemos la oportunidad de ver el vaso también medio lleno, pues en medio de la polarización, nos permitimos soñar con el país que queremos. Y si en algo todos coincidimos, es en que queremos un país con oportunidades, donde todos puedan alcanzar sus anhelos. Eso requiere del compromiso de sus líderes políticos, académicos y empresariales. Desde CAPECO, estamos trabajando para que el Perú sea más justo, transparente y competitivo; para que las empresas se alejen de la corrupción y el mercantilismo; para que los trabajadores tengan mejores condiciones laborales; para que las familias cuenten con mas y mejores viviendas, hospitales, escuelas y toda la infraestructura que este tiempo nos mostró que hace falta. Hoy es posible construir el Perú que queremos, pero eso sólo se logrará con el compromiso real de todos sus líderes.