Jorge Chávez-Tafur: “El arte del fierrero me enseñó cosas que no se aprenden en la universidad”

Año 1956. Todavía en edad escolar, Jorge Chávez-Tafur tenía entre sus veleidades seguir la carrera de arquitectura. “Me preguntaron qué sabía sobre historia del arte. Me pasmé y decidí seguir Ingeniería”, recuerda. Y no se arrepiente. Nos cuenta que inició como peón de fierrero con un suelo de 38 soles a la semana, un trabajo que le permitió aprender cosas que no se enseñan en la universidad. Hoy, a sus 78 años, dirige activamente su estudio de gerencia y supervisión de proyectos.

El ingeniero Jorge Chávez-Tafur nos cuenta que, entre sus amigos del barrio, 4 de 5 optaron por ingeniería. Él optó por postular a la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI, donde el proceso de admisión era un tanto diferente. “Nos tomaron exámenes. Un día de aritmética, dos días después de álgebra, dos días después geometría, luego trigonometría, física, química, castellano y una entrevista personal. Quince días después supimos quiénes entraban. La nota mínima era 70”, recuerda.

SUS INICIOS

En muchos pasajes de su semblanza, el ingeniero asegura que ha tenido a la suerte de su lado, como al momento de conseguir uno de sus primeros empleos. Recién graduado, tuvo que ser internado por más de 25 días en la clínica por una peritonitis que derivó a dos operaciones. Aún sin haberse recuperado, un amigo de promoción que trabajaba con el reconocido arquitecto Guillermo Payet se acordó de él.

“Mi compañero me llamó a la clínica para decirme que iban a necesitar ingenieros recién graduados. Tuve la suerte de que se acordara de mí. Me ofrecieron el empleo y así empecé a trabajar con Guillermo Payet. Antes de eso había hecho algunos trabajitos dando clases o cosas por el estilo”, refiere.

EL ARTE DEL FIERRERO

Chávez-Tafur asegura tener una razón más para abrazar su profesión. Y es que al pasar a quinto año pudo conseguir, gracias a amigos de su hermano, un trabajo como peón de fierrero en una obra que se levantaba en la esquina de las avenidas Grau y Manco Cápac.

Según narra, “mi jefe fue el ingeniero Villasana. Me llevó de la mano donde el maestro de obra de apellido Roca, y le dijo que yo sería su ayudante. Me dieron un fierro torcido que servía para amarrar los alambres, junto con la primera instrucción. Así empecé. Pagaban treinta y ocho soles la semana”.

La supervisión de obras y la gerencia de proyectos a marcado el paso de las obras del ingeniero Jorge Chávez-Tafur. En imágenes: Segunda Ampliación del Centro Comercial Plaza San Miguel y Edificio Torre Orquideas.

 

Recuerda que ese trabajo le permitió aprender el arte del fierrero, así como algunas técnicas de obra que no se solían enseñar en la universidad. “En la universidad me enseñaron a utilizar teodolito y nivel, así como el eclímetro que se usaba en la palma de la mano. En la obra aprendí a llevar los niveles con manguera, y a cuadrar las paredes en ángulo recto con una pita. Todas eso se pueden realizar sin necesidad de contar con grandes cosas”, relata, y nos cuenta una anécdota.

“Cuando ya iba de regreso a la universidad, el maestro me hizo una propuesta. Yo usaría un teodolito y él una manguera con una pita. El reto era subir el nivel de un piso a otro más rápido, y me ganaron. Esta experiencia me hizo pensar que la profesión no solo es teórica, sino que debe plasmarse en la práctica”, explica.

Y fue la práctica que le permitió enriquecer aún más su profesión, pues aprendió a bolear ladrillos y hacer mezclas de concreto de acuerdo al requerimiento del maquinista. Ello implica desarrollar un nuevo lenguaje que contribuyó a su trayectoria.

PRIMERAS OBRAS

Luego de perfeccionar estudios en concreto armado y postensado, Chávez-Tafur obtiene una maestría en Concreto en Ingeniería Civil. Era fines de 1964 y en el país se había conformado la Junta Nacional de la Vivienda, en el primer gobierno de Fernando Belaúnde. “Ahí trabajaba toda mi promoción”, rememora.

“En ese tiempo me presentaron al decano de la Facultad de Ciencias Básica de la Universidad Nacional Agraria. Requerían profesores y me mandé. A la vez constituí una pequeña empresa con dos compañeros de universidad y empezamos a hacer obras. Una de las primeras fue en la cuadra 24 de Aviación donde construimos una botica. Después construimos una casa en Santa Catalina y otra más para unos familiares de nuestro socio en Barranco. Así empezamos”, señala.

Para el ingeniero, todo es cuestión de suerte. “Me encontré con un amigo que era ingeniero civil, mi hermano era diplomático y no estaba en Perú, pero me dijo ‘oye cabezoncito, ven a trabajar conmigo’ y empecé a trabajar con él”.

Entonces ya tenía una agenda cargada. Nos cuenta que desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde era jefe de prácticas de la Universidad Agraria, donde por cierto, el otro jefe de prácticas era el ex presidente Alberto Fujimori. “La diferencia era que él era doctor en matemática y yo era ingeniero civil nomás”, afirma.

Según recuerda, “a las cuatro salía de la universidad en un Volkswagen del 56 y hacía trabajos con este amigo en el distrito de Independencia. Regresaba a las siete y media trayéndome al maestro de obra y a un par de obreros a quienes dejaba en Magdalena. Recogía a mi mujer que daba clases a niños y al día siguiente empezaba de nuevo”.

SU FAMILIA

Entre sus hermanos, fue el único que siguió el camino de la ingeniería. Detalla que su hermano mayor fue economista, mientras que sus otros dos hermanos -mellizos-, se desempeñaron como diplomático y profesora, respectivamente.

Consultado por sus hijos, comenta orgulloso que uno de ellos es ingeniero agrónomo y desde Holanda desarrolla programas para emplear los conocimientos ancestrales en esa rama. Otro de ellos es psicólogo y tiene una empresa certificadora en Estados Unidos.

“Uno de mis hijos está en Holanda, otro en Estados Unidos y otro está en el cuarto de allá (señala la oficina contigua). Es abogado con maestría en Derechos Humanos y Derecho Procesal Civil, y nos ayuda en todo aquí en la empresa”, nos cuenta.

PASO POR CAPECO

El ingeniero también nos cuenta su paso por Capeco. “Estuve dos años en Capeco. Todavía conservo el diploma. Yo entré en época de inflación. Para el año 67 el sol estaba devaluado y necesitaban un ingeniero que supiera de costos. Una de las cosas que había estudiado era cómo hacer costos ordenadamente en tiempos en que no se usaba la computadora. Usaba hojas de cartón impresas en las que uno apuntaba los numeritos”.

Indica que en el gremio constructivo llegó a ser jefe del departamento técnico. “Trabajé con el ingeniero Sarmiento, promoción de mi universidad y que llegó a ser ministro; el ingeniero Rodolfo Castillo que era nuestro superior y el ingeniero Merino Reyna, el gerente en ese entonces, quien era daltónico y por eso usaba corbatas amarillas, ya que él las veía plomas”, sonríe con humor.

 

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