Miguel Del Río Pérez: “Nunca pensé en otra cosa que no fuera ser ingeniero”

Miguel del Río recuerda que nunca pensó en ser otra cosa que no sea ingeniero. Y eso debido a que siempre vivió entre ellos. Cuenta que su padre tuvo 10 hermanos, siete de ellos hombres y todos ingenieros. Ni bien terminó el colegio ingresó a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y ni bien acabó la carrera comenzó a ejercerla “como empiezan todos, con metrados y presupuestos” en la empresa Jorge Velaochaga Miranda S.A., actualmente, HV Contratistas, donde llegó a ser gerente general, presidente de Directorio y accionista. Hoy, nos cuenta sobre su trayectoria y cómo ve el desarrollo del sector construcción.

“Vengo de una familia de ingenieros. Mi padre tenía 10 hermanos, siete hombres y los siete ingenieros; de ahí varios primos estamos en la rama. He vivido entre ingenieros de nacimiento. Mi padre era ingeniero constructor, aunque cerró su constructora el año en que me recibí porque se fue a la pesca, que en esos años había surgido mucho”, recuerda Miguel del Río.

Asegura que nunca pensó en su vida en hacer otra cosa que no sea ingeniero. Es el segundo de cinco hermanos. Terminó el colegio en el año 1955 e inmediatamente ingresó “a la primera a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Ahí hice mis cinco años y en el año 1960 me recibí”, detalla.

Para entrar al Colegio de Ingenieros, que se formó después, tuvo que esperar que su padre haga una tesis para que se inscriba con un número previo al suyo. “Tuve que esperar. Era una cortesía. Pude haber tenido los primeros números porque el colegio se formó cuando ya era profesional”, recuerda.

Tiene seis hijos. Tres hombres, tres mujeres. El mayor de los hombres estudio computación, el segundo es administrador de empresas y es gerente de una constructora inmobiliaria, el último es ingeniero civil y gerencia una compañía de instalaciones eléctricas, sanitarias y especiales. “Tengo 13 nietos, el más pequeño de 10 años y el mayor de 27. Son administradores, economista, médico”, comenta.

EMPEZANDO A TRABAJAR

En su incipiente vida profesional, una vez egresado, allá por el año 1960, el joven Del Río se encuentra con una crisis total en el país. “No había trabajo y esa es una de las razones por la que mi padre cierra su empresa. En tanto, yo buscaba incluso hasta becas para irme a estudiar afuera. Sin embargo, por esas casualidades, la que era mi enamorada en esa época, tenía un tío arquitecto que estaba buscando un ingeniero joven para la compañía en la que laboraba. “Pregúntale si quiere trabajar conmigo”, le dijo. Inmediatamente fui y llegamos a un acuerdo muy rápido. Yo sustentaba mi tesis un 15 de enero y un 16 comencé a trabajar. La empresa se llamaba Jorge Velaochaga Miranda S.A. que luego se convierte en Hacker Velaochaga, posteriormente, redujimos el nombre a HV Contratistas que era más fácil de recordar”.

Así, el ingeniero Del Río empezó la marcha. “Comencé como comienzan todos, con metrados y presupuestos. Algo sabía, pero no en lo real. La empresa era muy chica, la oficina no tenía más de 100 metros cuadrados, construían casas pequeñas, pero el ingeniero a cargo de las obras era un italiano que había trabajado en África. En época de la guerra ponía tuberías en el desierto y haciendo ese tipo de obra él me fue enseñando a metrar. Yo trabajé en oficina, pero todos los sábados por la mañana recorría obras con él. Me enseñó cómo se controlaba, cómo se hacía todo. Poco a poco uno va aprendiendo y desarrollando. Ya con el tiempo tomé otra función. Con mayor experiencia, aprendí a manejar la empresa en sí”.

GERENCIA GENERAL

Con los años, quizás unos 20 después, Velaochaga que era el gerente de la empresa se enfermó. “Tuvo algo serio y le duró varios meses. Se hacía difícil el tema de manejo gerencial, entonces fui a su casa y le dije ya no eres gerente ahora soy yo. Había confianza en ese asunto, ya llevaba casi 20 años trabajando con ellos y tome la gerencia, poco a poco fuimos desarrollando el tema”, cuenta.

Agrega que al trabajo de casas particulares y pequeños edificios se sumaron obras grandes. Recuerda que la empresa tuvo que construir un grupo de 100 viviendas en Cantogrande (San Juan de Lurigancho) que en esa época, era una zona casi desértica. “Ganamos la licitación con diseño y todo. Fue una obra muy bonita. Fue la primera vez que nos interesamos en el desarrollo urbano realmente, en hacer urbanizaciones y cosas por el estilo es lo que recuerdo. Pasamos de dejar de construir casas a personas naturales y nos lanzamos a edificios de terceros, a comenzar a invertir en edificios”.

“Tenemos muchas viviendas en el malecón de Miraflores. Hemos hecho edificios altos en la avenida Pardo. El primero que hicimos es donde estaban nuestras oficinas, allá por la década del 80. Era un edificio de unos 15 pisos. Al poco tiempo hicimos otro de 21, al frente. En esa época no había muchos en Lima y de ahí fueron haciendo edificios mucho más altos, la mayoría de viviendas y algunos de oficinas. El más emblemático terminó siendo el Edificio Chocavento donde está el Citybank hoy día. En su momento fue el más alto de Lima. También hemos trabajando haciendo algunos centros comerciales, algunas iglesias como la Jesús Obrero de Surquillo, estadios, para Telefónica también hemos construido. La mayoría eran obras privadas; hemos hecho muy pocas obras públicas en los años en que yo he estado, no más de cinco o seis obras de ese tipo”, relata.

Al respecto, comenta que HV tenía suficiente trabajo con obras privadas y les interesaba el desarrollo propio. “Hacíamos edificios para la venta, luego entramos al tema de habilitaciones urbanas y venta de lotes. En este tema, había algo que a mi socio y a mí nos molestaba mucho: las invasiones, que es algo que sigo sin comprender porque es muy difícil habilitar un terreno en forma formal, cuando en paralelo se invaden los terrenos y nadie dice nada. Todos felices aplauden, cuando vienen a revisar y les digo y éstos….son informales déjalos, me dicen hasta ahora”.

ABSURDOS

Al respecto, opina que el control que existe en las municipalidades sobre las empresas formales llega a lo absurdo. “Son trámites sin sentido y regulaciones de reglamento también exageradas. No sé si estas cosas pueden ser anécdota, pero al final te das cuenta que es lo qué está pasando adentro y que habría qué hacer para resolverlo”, se queja.

Recuerda que en la época del gobierno militar, Capeco pidió una cita al ministro de Vivienda. “Nos reunimos 20 personas alrededor de una mesa. De Capeco seríamos seis, los demás eran profesionales y el ministro que era un marino que se hizo muy amigo mío. Yo con la mentalidad que tengo de la presión que hay sobre esas normas que considero absurdas, aunque no todas; le pregunto al ministro si podría alguno de los técnicos explicarme por qué en un proyecto de vivienda, un dormitorio tenía que tener mínimo 12 metros cuadrados, esa era la norma. Entonces uno de los arquitectos responde y me da toda una explicación de la luz, salubridad, etc… Todas las cosas lógicas que tiene que tener. Le agradecí y dije señor ministro entonces por qué las de servicio tienen seis. Entonces, cambiaron el reglamento”, sonríe.

“Otro absurdo, de los más grandes que he escuchado, no la viví yo. Un arquitecto muy famoso, amigo mío, un poco mayor que yo, fue a una comisión técnica para pedir que le vean su proyecto. El inspector estaba revisando otro proyecto, de una tercera persona, y le dijo espérame un momento. Era un proyecto de una casa grande y lo estaba tachando por todos lados con rojo, después de equis tiempo, cerró los planos y le dijo te voy atender. Mi amigo le dice he visto que has destrozado ese proyecto, sabes de quién es la casa, yo sí sé. Mi amigo le dice: es de una señora que tiene un hijo ya mayor que es inválido, usa silla de ruedas, tiene un genio pésimo y no quiere que lo vigilen. Entonces si te das cuenta este patio central y estas rampas que salen de la sala, podrá ser usado por el tipo que se mueve en su silla de ruedas y la señora sentada mirando televisión levantará la vista y chequeará todo, en fin le explica todo. Tienes razón, rompe el proyecto, agarra otra copia y lo aprueba. Son pequeñas cositas que te indican todos estos problemas”, sigue contando.

Junto con HV Contratistas construyó el primer Mivivienda. “Hicimos un proyecto bueno, con productos mejores y más económicos”, destaca.

MIVIVIENDA

Otra gran discusión que recuerda el ingeniero Miguel Del Río es el lanzamiento del proyecto Mivivienda. “Cuando sale el proyecto Mivivienda, nosotros como Capeco planteábamos que el único parámetro que debería existir era el precedente ya que lo que tú hagas técnicamente lo tienes que hacer bien. Era un comité muy grande, de unas 15 o 20 personas y, en esa ocasión, yo era el único representante de Capeco. Se decía que se tenía que tener escalera techada, ventana de fierro, puerta de madera, de tripley. En esa época, la mayólica tenía que ser blanca, en fin ese tipo de limitaciones absurdas. Entonces hubo una reunión en el ministro de Economía. Dijo, bueno señores pongámonos de acuerdo en la cuestión de las áreas, yo decía pongámonos de acuerdo en los precios. Decían, el área máxima será 60 metros cuadrados, todos coincidían en que sí. Cuando me preguntaban, yo respondía lo que ustedes digan. Entonces seguían dando vuelta al tema. Yo volví a levantar la mano y dije en tal zona fulano está construyendo un grupo de 300 casas que tiene 63 metros cuadrados y está dentro del precio, ¿lo botamos? Me pregunta, ¿qué quieres?, solamente quiero precio, respondí. Entiendan, por favor, no podemos poner parámetros absurdos como el tipo de piso y, efectivamente, logramos que solo fuera precio”.

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