Panorama de la construcción en Arequipa

Tras un catastrófico 2020, la construcción en Arequipa ha encontrado luz en un 2021 que viene dejando interesantes índices de recuperación en el sector, aunque no como el empresariado privado esperaba a inicios de año. Aun así, hay desafíos en materia de inversión pública y vivienda social que CAPECO regional espera que el Gobierno priorice.

De forma similar a lo que viene ocurriendo en el ámbito nacional, la construcción ha encadenado meses de desempeño positivo en Arequipa, aunque no como se esperaba. A inicios de año, el empresariado privado del sector previó un crecimiento de 23% para 2021; sin embargo, con el paso de los meses, esa proyección ha ido ajustándose hacia abajo. 

Tras afrontar un catastrófico 2020, se puede afirmar que el sector ha venido recuperándose este año. A poco de concluir el octavo mes, la actividad constructora ha experimentado un crecimiento superior al 10%, todavía lejos de las expectativas iniciales. 

Julio Cáceres, presidente de la Asociación Regional CAPECO Arequipa, comenta a Construcción e Industria que la contracción que ha sufrido el sector construcción en Arequipa ha sido aproximadamente del 22%, unos 8 puntos sobre la caída nacional. 

Según dijo, la coyuntura de pandemia obligó a que muchas empresas constructoras paralizaran sus operaciones de dos a tres meses desde que se decretó la cuarentena hasta fines de mayo, periodo en el que el Gobierno empezó a poner en marcha los programas de reactivación económica. “Esta paralización hizo que las empresas de la construcción que trabajan en Arequipa disminuyeran en 21% sus operaciones durante el año pasado”, refiere. 

UN AÑO INSÓLITO
La retracción que sufrió la actividad constructora en Arequipa durante 2020 se reflejó de forma inequívoca en la disminución del consumo de cemento. “Además, la ineficiencia en la ejecución de obras públicas en la región hizo que muchas empresas constructoras no puedan trabajar al ciento por ciento de su capacidad”, añade Cáceres.

En lo que concierne al desempeño del rubro inmobiliario, el directivo gremial afirma que este fue desalentador. En declaraciones que hizo en abril de este año al portal arequipeño Encuentro.pe, reveló que los desembolsos de los créditos del fondo Mivivienda se redujeron en más de 23% y la variación de los desembolsos de los bonos familiares de Techo Propio cayó 25%. 

Sobre la mencionada ineficiencia en la inversión pública, recordó que, durante 2020, Arequipa no ejecutó ni la mitad de lo disponible en recursos en los diferentes niveles de gobierno (regional y municipal). “Más de 52% de lo que se tenía presupuestado no se ejecutó. La mitad, prácticamente”, dijo en aquel momento al citado medio.

Este impacto negativo de la pandemia en la construcción también repercutió, desde luego, en los índices de empleo sectorial. Según Cáceres, se registró una variación negativa del 38.9% en este indicador en comparación con las cifras que se tuvieron en 2019. 

CRECIENTE BRECHA
Antes de la pandemia, Arequipa presentaba un déficit habitacional de 85,000 viviendas aproximadamente; ello tomando como base las cifras del Censo nacional de 2017. Considerando que esta brecha tenía un incremento anual del 3% y los problemas ocurridos con la población a raíz de la coyuntura actual de pandemia, “hemos pasado a tener una brecha aproximada de 95,000 viviendas en la región”, asegura Cáceres.  

Solo en la ciudad de Arequipa, la demanda efectiva de vivienda social asciende a 60,900 viviendas, de las cuales 6,200 corresponden a vivienda nueva y 54,700 a propietarios que quieren ejecutar proyectos de mejoramiento en sus viviendas actuales.

Para el directivo, resulta lamentable que en Arequipa y otras ciudades peruanas existan muchas barreras para el acceso a suelo urbanizado debido a la ausencia de una zonificación compatible, a las dificultades para acceder a factibilidades de servicios públicos o a la imposición de barreras burocráticas ilegales o irrazonables. 

“Como consecuencia de esta realidad, la demanda es atendida por vendedores de lotes informales o por invasiones a terrenos privados o del Estado”, refiere.

A su criterio, un aspecto que complica las cosas es que, a la fecha, la región no cuenta con una cartera amplia de proyectos de vivienda social. Para ello plantea que es necesario resolver el problema generado por la judicialización del Plan de Desarrollo Metropolitano de la ciudad de Arequipa, el cual “ha paralizado su implementación aduciendo que este plan ha otorgado derechos habilitantes en contra del medio ambiente al declarar zonas urbanas en áreas agrícolas”, sostiene.

VIVIENDA SOCIAL, EL GRAN DESAFÍO
A pesar de ser una de las regiones más importantes del país, Arequipa solo ha representado, históricamente, el 3.74% del total de colocaciones de productos Mivivienda a escala nacional. Este porcentaje es inferior a la envergadura de la ejecución que se ha visto en Ica, La libertad, Lambayeque o Piura. 

“El año pasado, la colocación representó solo el 3.15%, y en lo que va del año estamos en 3.6%, lo que equivale a más de S/ 25 millones”, explica Cáceres.

Para mejorar esos niveles de colocación de créditos y subsidios, CAPECO Arequipa propone coordinar una mayor presencia del fondo Mivivienda en la región a fin de difundir los beneficios y condiciones de acceso a los programas de vivienda social. 

Además, considerando que más del 80% de la demanda efectiva en la región responde a mejoramiento de vivienda, sugiere difundir información sobre las modalidades que se dirigen a financiar este tipo de soluciones habitacionales, “ya que la población piensa que este tipo de créditos solamente son para construcciones nuevas”. 

Y añade: “Nosotros, como CAPECO Arequipa, promovemos la ejecución de proyectos de vivienda social sobre terrenos del Estado que sean desarrollados por promotores privados seleccionados por concurso público”.

PERSPECTIVAS Y PROYECTOS
Con septiembre a punto de llegar, el directivo gremial estima que el crecimiento que la construcción podría alcanzar hacia fines de 2021 estaría cercano al 15%.  

Y aunque la pandemia todavía está lejos de terminar, reconoce que el sector ha venido recuperándose a un ritmo de dos dígitos. “Hasta el cierre de julio, el consumo de cemento acumulado en lo que va del año ha crecido 69% sobre las cifras del mismo acumulado del año pasado”, comenta a Construcción e Industria

Si bien han notado una respuesta positiva gracias a los programas de reactivación económica impulsados por el Estado y al dinamismo que ha mostrado la inversión pública en comparación con 2020, Cáceres manifiesta que estos indicadores aún están lejos de los que se tenían en el 2019. 

Consultado sobre los proyectos de infraestructura que están en marcha en la región, refiere que el principal es el proyecto de irrigación Majes Siguas II, el cual tendría una inversión de USD 650 millones, sobre todo después de que se aprobara la adenda el 13 en abril de este año.

En paralelo, otros proyectos de menor magnitud se están desarrollando a lo largo y ancho de la región; sin embargo, Cáceres lo tiene claro: “También es necesario reactivar y ejecutar proyectos estratégicos tales como la carretera Arequipa-La Joya, que ha quedado en stand by, el programa de construcción de hospitales y el mejoramiento de la infraestructura educativa en la región para la vuelta de clases presenciales, que podría darse para el próximo año”. 

Si bien el ruido político y la incertidumbre no han impedido que el sector se recupere, el directivo de CAPECO Arequipa insiste en que ese crecimiento se sigue sustentando en la autoconstrucción, puesto que la población ha optado, en muchos casos, por invertir en ampliaciones, remodelaciones o en construcciones nuevas que venían postergando, y que con la coyuntura de la pandemia han empezado a ejecutar.