Presidente de Capeco, Humberto Martínez: “Los empresarios de la construcción seguimos apostando por el Perú”

La sostenibilidad y la formalidad son puntales para un futuro viable. Desde la Cámara se trabaja por construir formalmente un Perú más sólido, el compromiso de los empresarios de la construcción es seguir apostando por el país y pedimos al Gobierno a que asuma el liderazgo de organizar el territorio.

En los últimos 15 años, el número de trabajadores formales de la construcción se multiplicó por cuatro. Desde el año 2003, CAPECO ha venido negociando con la Federación de Trabajadores en Construcción Civil el tema de las remuneraciones. Estas han subido en promedio 2.5 veces, creciendo más que la Remuneración Mínima Vital. Es decir, no solo se han incorporado a más personas a labores inmensamente productivas y gratificantes, sino que se ha compartido la riqueza creada de mejor manera que el resto de las actividades económicas.

Se ha medido el impacto de la reducción del ritmo del sector construcción y los más afectados son los trabajadores formalmente empleados, quienes quedan obligados a refugiarse en la informalidad. Esto, en un país que lucha por su desarrollo sostenible, no se puede admitir.

Existe el compromiso de los empresarios de la construcción por seguir apostando por el Perú y su gente. Por ello, es importante el compromiso del Estado por fortalecer la inversión pública y por ayudar a destrabar los cientos de proyectos de inversión privada que se encuentran detenidos o con destino incierto.

Del 2003 al 2019, la industria ha logrado construir más de 600 mil viviendas formalmente, para dos millones de peruanos, debido al compromiso de distintos gobiernos que han ayudado a que se coloquen. Hasta la fecha, se han entregado 150 mil créditos con subsidios de Mivivienda y 300 mil de Techo Propio.

Cuando a principios de este siglo, se intentó convencer a los bancos de que era posible otorgar créditos hipotecarios a 20 años a familias de clase media y media baja, la labor fue titánica. Hoy, este segmento de la población peruana es el favorito de los bancos, pues más del 95% de quienes tomaron estos créditos, pagan puntualmente sus cuotas, asumen la responsabilidad y el orgullo de convertirse en propietarios de su casa.

Esto ha demostrado que los subsidios de vivienda no representan un gasto para el Estado, sino que son una inversión que retorna multiplicada en impuestos que pagan los constructores, en los prediales que pagan las familias a sus distritos (y que en la informalidad no pagan), y en la mejora sustancial de las condiciones de vida de los peruanos.

A pesar de ello, esas 600 mil viviendas construidas en estos 15 años son pocas frente a las 1.5 millones de familias urbanas que se formaron en el mismo periodo. El déficit de vivienda en el Perú sigue creciendo.

Los constructores son testigos de lo difícil que es este país, que está organizado, o desorganizado, en 1874 distritos, 197 provincias y 26 regiones, además del Gobierno central. En una situación como esta, el Gobierno debe asumir el liderazgo de organizar el territorio, el espacio que nos define como peruanos.

Para lograr este objetivo, CAPECO pide que el nombre del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento pase a llamarse Ministerio de Vivienda, Ciudades y Territorio, de modo que desde su denominación asuma activamente las competencias que hoy día tiene y que el Perú necesita.

Más del 70% de los peruanos vivimos en ciudades y más del 50% del PBI del país se genera en la ciudad de Lima.

Entonces, deberían ser las ciudades los ejes centrales de nuestros planes de competitividad, de nuestras discusiones sobre cómo ser más productivos y de una parte importante de nuestra lucha contra la pobreza.

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